El finado

Anécdotas Veterinarias, por Manuel Langsam
      En un campo de Bergara había un peón al que todos llamaban 'El Finado' o 'El Finadito' ('El Finau', traducido al entrerriano).


      Él lo tomaba con naturalidad, no se molestaba en absoluto y la mayoría de sus compañeros ni sabía cual era su nombre verdadero. En una oportunidad le pregunté a uno de ellos, uno de los más viejos, a que se debía tal nombre y, entonces, me contó:

      Cuando 'El Finau' era un muchacho joven, de unos 17 o 18 años, se fue a Buenos Aires a trabajar, ya que en la zona no conseguía nada.
Nunca escribió una carta ni sus padres tuvieron noticias suyas por casi dos años. Una mañana se acercó a su casa una comisión policial para avisar a sus padres que, lamentablemente, les traía la mala noticia de que su hijo había fallecido en Buenos Aires. En un accidente ferroviario. Que su cuerpo quedó tan mal que sólo lo identificaron por el documento de identidad que llevaba.

      Pero ésa no fue la realidad. Al poco tiempo de estar en Bueno Aires perdió, o le robaron su documento. Él no se tomó la molestia de denunciar la pérdida ni gestionar uno nuevo. Así que el que murió fue el que estaba usando su documento. Cuando cerró la fábrica en la que trabajaba y no pudo conseguir otro empleo por falta de documentación, decidió volver. Y empezó a trabajar en ese campo. Y ahí le quedó el nombre de El Finau, con el que se le conocía.

      Me puse a pensar en cómo habrá sido el momento de su regreso.  Él no sabía que para sus padres y conocidos estaba muerto. ¿Cómo se habrá tomado el instante de su aparición en la casa?  ¿Qué reacción habrán tenido sus padres?

      De a poco me fui enterando de más detalles. Muchos no sabían o ya ni se acordaban del hecho. Pero di con un vecino y pariente que sí estaba enterado. Y me relató que, sin previo aviso, el muchacho tomó un colectivo en Buenos Aires y se volvió. Se bajó en la ruta, a unos dos kilómetros de su casa y empezó a caminar hacia ella. Era muy temprano, pero su padre ya estaba tomando mate sentado en la galería. Su madre aún no se había levantado.

      Mirando hacia el camino, el hombre ve una silueta que se va acercando rumbo a su casa. Afina la vista haciendo pantalla con la mano... y no lo puede creer.

      Desde donde estaba, le gritó a su esposa: "Vieja, vieja: se acerca alguien. Y me parece... es muy parecido al Carlos".

      Ella ni le contestó.

      Se paró, se acercó hasta la puerta del frente y confirmó que el que se acercaba era su hijo al que daban por muerto hacía tiempo.

      Se volvió corriendo, entró a su casa y le reiteró a su mujer: "Pero sí mujer, es el Carlos, levantate, levantate... No sé qué pasó, pero es el Carlos".

      Y ella le contesta: "¡Dejate de embromar, viejo loco! La policía dijo que el Carlos murió en Buenos Aires y mirá si vos vas a saber más que la policía".

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"Se bajó en la ruta y empezó a caminar hacia su casa. Era muy temprano, pero su padre ya estaba tomando en la galería".




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