No todo está guardado en la memoria
Por Manuel Langsam
Había terminado
el encierre de las tropas para el remate de la cooperativa en Villa Clara. Como
era toda hacienda perteneciente a productores de la zona, era arrimada por
arreo a cargo de peones o troperos contratados para esa labor.
Una vez hecha la
entrega, estas personas se volvían a sus campos o, como en muchos casos se
encontraban con conocidos que hacía tiempo no se veían, se acercaban a la
cantina a conversar, con algunos aperitivos de por medio. También se quedaban
porque existía la posibilidad de que los contrataran por la tarde para trabajar
en el remate.
Uno de los que
siempre concurría a esos remates era Don Z.... que, como vivía cerca, era
infaltable. A veces arrimaba alguna tropa y otras venía simplemente a
encontrarse con conocidos, tomando esos encuentros como una reunión social. Era
muy conversador y, copas mediante, siempre encontraba un auditorio dispuesto a
escucharlo.
En una ocasión,
se había instalado cerca del mostrador de la cantina, rodeado de amigos, mientras
compartían “el vermú”. Y escuché el siguiente relato:
Ahora que estamos
tomando “vermú”, me acuerdo que una vez volvía cerca del mediodía de entregar
una tropa, era verano, y quise dar un alivio a mi caballo, ya que hacía mucho
calor. Como pasaba cerca de la casa de mi compadre Pascual F..., me desvié un
poco y llegué hasta su casa. En esa época yo tenía un alazán tostado, calzado de
tres, frente blanca y marca "del trébol". Muy buen andador y guapo en
los apartes. Al ir acercándome a lo de mi compadre, ya de lejos supe que estaba
en su casa porque reconocí su caballo pastando en un piquete. Era un moro cabos
negros, lista y pico blanco, cola cortada a la altura de los garrones y marca
"ñandú".
Bueno, salió a
recibirme, alertado por los perros, y me dice: bájese compadre, pase, así se
refresca un poco y le da un resuello a su caballo, mientras tomamos alguna cosa
fresca. Nos sentamos a la sombra de un tala y sirvió un “vermú”. También trajo
un platito con queso y una frutita ovalada, color negro, que sacó de un frasco.
Tenía un carocito adentro y un gusto salado muy lindo. No me acuerdo cómo se
llamaba, pero me gustó mucho y comí como diez. Pero ya me voy a acordar del
nombre, ya me voy a acordar...
Lo interrumpió
uno de los escuchas: "¿No serían aceitunas, Don Z...?"
"¡¡¡Aha!!!!!",
dijo él. "Eso, eso: ¡eran aceitunas!"
Se acordaba
perfectamente con pelos y señales de los caballos de hace muchos años, pero no
podía recordar que lo que había comido eran aceitunas...
--
"Me acuerdo que una vez volvía cerca del mediodía
de entregar una tropa. Era verano, y quise dar un alivio a mi caballo".