Don Frutos
Por Manuela Chiesa de Mammana (*)
El caudillo
oriental tuvo un ligero choque en el Paso de la Laguna con el general
Urquiza y se internó en el monte.
La crecida extraordinaria del Gualeguay hizo que don Frutos
armara campamento antes de llegar a Raíces, donde se enteró de que el caudillo
entrerriano en su avance hacia Yeruá, acuchilló a un grupo de unitarios que
respondían al General Aguiar.
El mes de agosto
se presentaba más frío y llovedor que de costumbre. Los hombres venían mal
vestidos y peor alimentados. Su jefe, don Frutos se daba perfecta cuenta de la
situación pero él no estaba mejor que los demás.
Con las pocas
ramas secas que encontraron encendieron una hoguera y alrededor de ella se
acomodaron apretujados, sin más pretensiones que descansar a pesar del frío y
del hambre.
No habían pasado
las doce de la noche cuando el soldado de guardia llevó ante don Frutos a dos
jóvenes mujeres que, ateridas y sucias, pedían algo para comer.
El silencio
unánime de los soldados alrededor de la tropa fue elocuente. Sin embargo el caudillo
oriental, sensible aun en la guerra, miró a las mujeres, las hizo sentar sobre
un cuero de oveja negra, se quitó su ponchito humedecido y cubrió a una de
ellas. Llamó luego al trompeta, que era el otro que todavía conservaba una
“pilchita” abrigada sobre los hombros y le señaló que cubriera a la más joven.
La fría noche de
agosto avanzaba impiadosa cuando el mulato de confianza se acomodó entre ellos
y empezó a cebar mate dulce como único y esperado manjar, acompañado por coplas
y guitarra.
"Luchas del
amanecer / Ganadas con sangre y penas / Para un andar sin cadenas / Que no
podrán detener..."
La guitarra sonó
tan dulcemente, como el mate entre las manos de aquellas mujeres desconocidas,
que allí supieron el valor de una tropa aguerrida y corajuda, en el Paso de la Laguna , una fría noche de
agosto.
(*) El texto forma parte una serie de cuentos y retratos del
antiguo Villaguay.